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SANTIDAD

«La santidad consiste en responder a la revelación de Dios con confianza y obediencia, fe y adoración, oración y alabanza, sujeción y servicio. La vida debe verse y vivirse a la luz de la Palabra de Dios. Esto, y nada más que esto, constituye la verdadera religión».
< J. I. Packer, El Conocimiento del Dios Santo>

Santidad es una palabra que puede provocar tormento al corazón, debido a que sus estándares siempre quedan muy por encima de nuestra forma de vida. Cuando desconocemos cuál es la fuente que da significado a esta palabra respondemos de dos maneras, la primera es descalificarnos antes de siquiera intentarlo; la segunda es empezar a buscar alcanzar ese estándar cueste lo que cueste, nos sometemos a reglas rigurosas y hábitos tortuosos, sin embargo, el problema con esta respuesta es que pronto nos damos cuenta que no podemos, cada vez se requiere más y más.

En nuestra frustración optamos por desistir, o peor aún, fingir que lo hemos alcanzado, aunque en el fondo sabemos que nada ha cambiado; en ese fingimiento condenamos a los que no se apegan a nuestros hábitos y empezamos a vivir una santidad basada en nuestro estándar, no en el de Dios.

Sed santos, porque yo soy santo (Levítico 19:2; 1 Pedro 1:16; Éxodo 3:14; Isaías 6:3). Estas son las palabras de Dios para su pueblo, él requiere la santidad de ellos y la razón por la cual lo pide es porque Él es Santo. ¿cómo podemos nosotros alcanzar ese requerimiento? La clave se encuentra en quién es Él y cuál es su esencia.

Seguramente cuando escuchas la palabra santidad, a tu mente vienen un gran listado de cosas que no debes hacer, y al mismo tiempo tu conciencia te condena, y percibes a Dios como un ser imposible de agradar; dicha percepción nos aleja de la verdad impidiendo así que gocemos de la santidad de Dios. La santidad nos es dada como un regalo especial de nuestro Padre para gozar de plena comunión con Él.

Como mencioné en líneas anteriores, la clave para vivir en santidad se encuentra en quién es Él y su esencia, concentrémonos en «quién es”, el nombre que le fue revelado a Moisés fue “Yo soy”. La razón por la cual fallamos en nuestra búsqueda de santidad es porque la buscamos ignorando quién es Dios.

La santidad no es algo aparte de Dios, es su misma esencia “Santo, Santo, Santo”. Nuestro estilo de vida reflejará la santidad de Dios sólo si le conocemos; en la misma demanda está el camino para ser santos. Hemos pensado que la santidad es la que nos lleva a Dios, sin embargo, Las Escrituras demuestran lo contrario; es Dios quien nos conduce a ella.

Si la santidad es el resultado de conocer a Dios, entonces deberíamos ocuparnos en conocerle. Su anhelo es ser conocido por el hombre, Él se ha revelado a través de la Creación, así como en Las Sagradas Escrituras y su máxima revelación fue en la persona de Jesucristo. Santidad es conocimiento del Dios Santo y el reflejo de su misma gloria en nuestro rostro.

Publicado en el Suplemento IDP México bimestre JULIO – AGOSTO 2020.

Ps. Esther Suárez Andrés
IDP Tlacolula, Oaxaca.

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